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日志


7月19日

BRITANIA

LA CONQUISTA ROMANA DE BRITANIA
 
 
 
Britania jamás fue completamente romanizada. Julio César trató de doblegarla, como había hecho con ora tierra celta, la Galia, pero las circunstancias políticas le impidieron lanzar un ataque masivo. Dicho sea de paso, una de las fuentes más amplias para conocer el modo de vida celta y el druidismo nos las proporciona Julio César en "La Guerra de las Galias" y se refiere, obviamente a la Galia y no a Britania.
 
El próximo emperador que hizo incursiones fue Calígula. Alli se encontró con la encarnizada resistencia de Cunobelinos, (Cynfelyn para los galeses) el semilegendario rey de los trinobantes
 

Luego volvió el amigo Claudio, hacia el año 43 después de Cristo, decidido a instalarse definitivamente. Comandó la expedición un tal Plautius, que había estudiado a fondo cuantos datos se conocían de Britania y todos los escritos referidos a ella (Tenía un Master en "De Belo Galico" jejeje).

 

En esta ocasión la resistencia fue encabezada por los hijos del tipo antrior, de Cynfelyn. (Que como militar era bueno, pero poniendo nombres... buf... los muchachos se llamaban Togodumnos y Caratacos, bueno a este los galeses lo dejaron en Caradawc, que mal por mal, mejora algo).

 

La reisitencia más fiera la prestó Caradawc, pero las tropas de las que disponía, compuestas en gran parte por trinobantes, atrebates y silures, estaban insuficientemente preparadas. Plautius consiguió apoderarse de Camulodunum.

 

Vitelio (El futuro emperador) sometió el país de los regni y se apoderó de Vectis, la actual isla de Wight.

 

Pero en el 50 estalló una rebelión general de los bretones.

 

Publius Ostorius, el nuevo propretor, reacciono y destrozó a los  insurgentes, aprovechando la ocasión para extender el dominio romano hacia el oeste, formando una cadena de puestos militares a lo largo del río Severn. Así Ostorius asola el país y alcanza la orilla del mar de Irlanda.

 

En este momento se sublevan los brigantes, tradicionales aliados de los romanos. Ostorius acaba con la sublevación haciendo ejecutar a los cabecillas y estableciendo en Camulodunum una colonia de veteranos, destinada a vigilar el país y "civilizar" a los aliados.

 

Sin embargo, los silures no han sido desarmados y Caradawc tampoco. Consigue que los silures le otorguen la realeza, lleva la guerra al norte del País de Gales con los ordovices, recluta tropas entre los descontentos de todas las naciones y se prepara para librar el combate contra los romanos en las montañas que separan a los ordovices de los brigantes, en medio de montes escarpados, con una barricada de piedras amontonadas, cerca de un río con vados peligrosos.

 

Finalmente, tras una batalla de inusual violencia, los romanos quedan dueños del campo. Victoria ambigua, pues la mayoría de los bretones consiguen huir. Sin embargo la mujer, la hija y los hermanos de Caradawc quedan en manos del enemigo.

 

Caradawc se refugia entonces entre los brigantes, esperando que la reina Cartismandua ( que lo de los nombres no era el fuerte de los britanos queda claro) pueda proporcionarle nuevas tropas.

Pero ésta, tras envolverle en promesas, le retiene y lo entrega a los romanos.

 

Caradawc es enviado a Roma. Allí, con increíble audacia, consigue hacerse oír ante el Senado y pronunciar una defensa digna y elocuente. Conmovido por la grandeza y bravura del jefe bretón, Claudio le otorga su gracia y lo libera junto con su familia.

No poseemos ninguna información acerca de la suerte de Caradawc tras su puesta en libertad.

 

Los silures sin embargo volvieron a atacar a los romanos. Estos contraatacan pero son rechazados. Y si quedan finalmente como dueños del terreno ello es sólo en apariencia, pues los silures siguen a una guerra de guerrillas sin cuartel en los bosques obteniendo así numerosos éxitos parciales.

 

El propretor Ostorius muere y es reemplazado por Aulus Didius.

Tácito dice que el mejor jefe de los bretones era entonces un tal Venusius, brigante de nación, quien había sido durante mucho tiempo aliado de los romanos, hasta el punto de que había sido esposo de la traidora reina Cartismandua. Pero habiendo reñido con ella, tomó las armas encarnizadamente al mismo tiempo contra su ex esposa y contra los romanos. Cartismandua se apoderó mediante artimañas del hermano y los padres de Venusius. Este comportamiento lleno de duplicidad su reina repugnó a los brigantes, que se volvieron contra ella.

 

Los romanos tuvieron que acudir en ayuda de su aliada y a duras penas consiguieron restablecer una apariencia de orden.

 

Otro hecho que indispuso definitivamente a los britanos contra Roma fue el ataque a la Isla de Mona. Eran cónsules Cesonius Petus yPetronius Turpilianus (año 61). El comandante en jefe se llamaba Suetonius Paulinus. La isla de Mona, (Mon en inglés, actualmente Anglessey) estaba habitada por gentes valerosas  y era refugio de todos los exilados pero además era  el centro mismo del druidismo. Era una tierra  considerada bendita, sagrada, que recordaba la noción de la isla del Otro Mundo.  Y por todo esto era para los romanos una ciudadela que había que abatir.  "Los romanos ocuparon sin dificultad una isla que no estaba defendida, sin duda porque los bretones ni siquiera imaginaron jamás que nadie osara atacarla"

 

A este sacrilegio se unió una traición: Prasugatos, el rey de los iceni famoso por su riqueza, fiándose de la amistad romana, había instituido a Nerón como su heredero conjuntamente con sus dos hijos, convencido de que así su reino quedaría al abrigo de toda violencia, no importa de dónde viniese. Sin embargo su reino fue asolado por los centuriones romanos, su casa saqueada por los esclavos. Primero azotaron con varas a su mujer Boadicea y luego violaron a sus hijas. Por fin, como si el país entero estuviese incluido en la herencia, despojaron a los jefes de los iceni de sus mas antiguas posesiones.

 

Estos dos hechos sembraron las semillas de rabia precisas para la rebelión:

 

Los iceni acudieron a las armas y arrastraron a los trinobantes y a otros pueblos que, no acostumbrados a la esclavitud, se habían comprometido mediante una conjuración secreta a recobrar su libertad. Además a los hechos anteriores se añadió un tercero: En la colonia de Camulodunum los veteranos romanos expulsan a los bretones de sus tierras y hogares. Además habían erigido allí un templo dedicado al divino Claudio que llenó a los bretones de una especie de furor religioso. Era preciso destruir ese templo, tal y como los romanos habían destruido el santuario de Mon.

 

Esta vez la rebelión encontró su jefe en la principal víctima de la barbarie romana, la reina Boadicea, que se lanzó al ataque arrastrando tras ella a la mayoría de los pueblos de la isla.

 

Conocidos los acontecimientos de la Bretaña oriental, Suetonius se abrió camino a marchas forzadas hasta Londinium, Pero, comprendiendo que eran difíciles de mantener en medio de un país enteramente sublevado, evacuó Londinium y Verulam, una ciudad municipal.

 

La reacción bretona fue sangrienta: una respuesta a la matanza de los druidas de Mon y a las violencias romanas sobre los iceni. Los horrores descritos por Dión Casio recuerdan curiosamente a los hechos que se atribuían por la misma época a los cristianos de Roma, acusados de comer bebes durante sus orgías secretas. 

 

Suetonius por su parte reúne entre tanto un ejército de unos 10.000 hombres con los fieles de Roma y los restos de sus tropas. Va al encuentro de Boadicea y se aposta a la entrada de una estrecha garganta cuya salida está cerrada por espesos bosques.

Tácito describe como ligeras a las tropas romanas, en tanto que los bretones "llevaban consigo a sus mujeres en carretas" Esta observación corrobora, por otra parte, el testimonio de César de que los bretones combatían casi siempre con ayuda de carros, y el de todas las epopeyas irlandesas antiguas, en las que los guerreros no se separan jamás de su carro de combate. Se entabla la batalla decisiva. Boadicea llevaba a sus dos hijas delante de ella en el carro.

 

Pero los romanos tenían la ventaja de la táctica y del terreno. La huida de los bretones, estorbados por sus carros, se tomó en desastre. Los romanos hicieron una verdadera carnicería, no salvándose de ella ni las mujeres ni los caballos siquiera.

 

A punto de ser capturada, Boadicea prefirió envenenarse.

 

Tras la victoria romana comenzó un período incierto, una especie de status quo. Durante unos años, Bretaña enmudece. Petronius Turpilianus, por su parte, tuvo buen cuidado en no provocar a los isleños, contentándose con administrar una colonia "en la floja inacción que él llamaba paz", añade Tácito, virtuosamente indignado.

 

Tras esos  años de estabilización, la presión romana se reanudó bajo Vespasiano, quien, habiendo combatido en la isla, la conocía muy bien.

 

Los brigantes y los silures fueron reducidos a la impotencia.

 

Del 78 al 86 es el célebre Agrícola, suegro de Tácito, quien gobierna Bretaña y extiende la dominación romana. De año en año presiona hacia el norte. Pronto alcanza la frontera entre bretones y pictos, el aestuaritum Tanaum (el Firth of Tay). Incluso esboza un reconocimiento de Caledonia (Escocia),  pero sin establecer allí ningún puesto militar.

 

Los emperadores Adriano y Antonino Pío harán construir pronto sendos muros para contener las incursiones de los pictos y de los elementos bretones refugiados en el norte de la isla.

 

El de Adriano estaba a la altura del Firth of Tay, el de Antonino a la del Firth of Forth.